Un gobierno de izquierda :Gabriel J. Perea R.

Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty

Publicado en el Panamá América

ANTE el fracaso de los gobiernos de derecha, de la era post dictadura, en erradicar la corrupción que corroe las esferas gubernamentales, políticas y sociales, nuevas posibilidades políticas se ciernen en el escenario. Retornan antiguos actores al juego electoral. ¿Que sucedería si en Panamá ganasen las próximas elecciones un gobierno de izquierda?

Para entender este escenario, primero es necesario conocer lo que dicen los politólogos acerca de las tendencias de izquierda o derecha. En la izquierda puede decirse que en general se glorifica los valores colectivos y sociales sobre los individuales o privados. Las organizaciones políticas tienda hacer de lo popular el referente principal de su acción. 

La derecha como concepto es la tendencia al conservadurismo, doctrina que defiende los valores tradicionales y morales. Se defiende el libre mercado y los derechos individuales por encima de la igualdad de oportunidades. En la izquierda se exalta la redención de las clases humildes, la repartición de las riquezas y la igualdad de todos los ciudadanos. En la derecha se valora la libre empresa, las clases sociales altas y se cuestionan las intenciones de los poderosos intereses económicos.

Con estas definiciones simples, sin iniciar un debate ideológico interminable podemos mencionar que el término tiene su origen en el lugar donde se sentaban los diputados en el parlamento surgido tras la Revolución Francesa, los conservadores que defendían la monarquía y apoyaban el antiguo régimen se sentaban siempre a la derecha y los republicados propulsores del nuevo orden, a la izquierda.

Con estas premisas, ¿qué puede esperarse de un gobierno de izquierda en Panamá que ganase las elecciones, divorciado de los lazos que apoyan tradicionalmente los gobiernos de derecha y que fuese abrumadoramente respaldado por masas trabajadoras y populares?

Ideas inimaginables podrían materializarse. Podría verse el inicio de investigaciones públicas y sin contemplaciones de status social o económico de personajes acusados de enriquecimiento ilícito. Podríamos ver una depuración de funcionarios públicos corruptos. Podríamos esperar el esclarecimiento de cuanto escándalo ha ocurrido y que han quedado cubiertos por el manto de la impunidad.

Sería posible pedirles la renuncia a todos los altos funcionarios que han perdido estrepitosamente la credibilidad ante la sociedad civil. Se convocaría de una buena vez a una asamblea constituyente que reformase nuestra emparchada constitución nacional. Se intentaría re-nacionalizar los servicios de electricidad y comunicaciones. Se efectuaría una rebaja de los salarios de los altos funcionarios. Se publicarían las donaciones a las campañas presidenciales. Estas y muchas otras medidas que pudiese imaginarse serian las que posiblemente tomaría un gobierno de izquierda respaldado por el pueblo.

Para una parte de la sociedad civil serian medidas temerarias, representarían un rompimiento total con el status quo, para otra parte de la sociedad, esa que es mayoritaria, seria medidas de justicia social y responderían a los clamores de una sociedad hastiada de muchas promesas y pocas o ninguna respuesta.

Esta posibilidad de una fuerza de izquierda la cual asuma el poder es mas real de lo imaginado, solo basta con observar el impredecible cambio ocurrido en tan poco tiempo en Latinoamérica donde gobiernos de izquierda se han levantado con un abrumador respaldo de las sectores populares.

Ante cada escándalo de los actuales y anteriores gobiernos de derecha se rebosa el vaso de la insatisfacción social. Cada día se añade nuevos elementos, Magistrados que falsearon su idoneidad, Diputados que son honrados por la patria con exclusivos privilegios en vez de ellos honrarla, despotismo, negociados, denuncias que se empantanan porque es mas significativo el proceso que el delito, crímenes sin resolver.

Y los actuales partidos políticos de gobierno y de oposición se encuentran desgastados, desprestigiados, enfrentados en intestinas luchas, sin figuras que puedan aglutinar un masivo apoyo popular y con el agotamiento de utilizar el viejo recurso electoral de la contratación masiva como promesa de campaña.

El sistema se agotó y el camino para que una fuerza de izquierda de cualquier tendencia llegue al poder esta pavimentado, señalizado y no se necesitara grandes dotes de estadista para recorrer un camino en línea recta.

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