Los esclavos del GSM

Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty

Una bella durmiente recibió un llamado a su celular, le anunciaban que podía acudir a cualquier punto de venta para cambiar su aparato por uno nuevo, ni corta ni perezosa con una bella sonrisa, la bella durmiente extendió su mano y me pidió dulcemente que fuera a realizar la peligrosa misión, claro sin aportar capital para la transacción.

Bueno, lo que hace el amor y otros motivadores, emprendí este desafió convencido que saldría airoso, ingenuamente espere salir del trabajo con el deseo de realizar la transacción y ganarme unos puntitos, aunque no fueran muchos.

Al llegar al lugar de los hechos, faltando pocos metros, un presentimiento nefasto me invadió, cuanto más me acercaba podria observar un tumulto de personas agolpadas en medio del pasillo de la gran terminal, deberían estar regalando algo, es lo único que puede ocasionar esa aglomeración de personas.

No es navidad, ni semana santa y no escuchaba ningún exponente del pindin, ¿Qué podía ser? Con angustia descubrí la razón, era un Kiosco de la compañía de celulares, NOOOOOOO.

Imposible, realice varias maniobras de evasión y logre entrar en la sucursal frente al kiosco, talvez lograría completar exitosamente la peligrosa misión con un poco de habilidad. Después de formar pacientemente la fila dentro de la sucursal, esbocé mi mejor sonrisa y con voz de, ya soy grandecito, expuse las razones por las cuales me encontraba en el lugar, fue la conversación más fría que he sostenido.

— ¿Qué desea?
— Recibí una llamada para cambiar este celular por un modelo nuevo.
— Si, déme el número.
— Disculpe ¿tengo que formar esa fila?
— Si, déme el número
— Pero no hay otra forma.
— No, déme el número.

Aunque lo intente, no creo que lograra la misma sonrisa del principio y menos el tono, desistí, no me forme en ninguna fila. Fuera me detuve unos segundos para observar como la gente formaba esa espeluznante fila. Como las personas nos hemos vuelto esclavos de ese aparato que si no lo llevas encimas, sientes que estas desnudo, desprotegido.

Es incomprensible como somos esclavos de la tecnología, al extremo que la gente acude desesperada al llamado para renovar sus celulares como si estuvieran renovando un elemento indispensable para la existencia. Estaba turbado por culpa de la increíble responsabilidad de los istmeños en mantenerse actualizados no podría anotar mis puntos, debe ser que ese tumulto de gente no tenia nada que hacer.

Bueno, lo intentare en otra ocasión, porque no creo que me pueda libra de la solicitud de la bella durmiente, avanzaba de vuelta cuando comencé a observar, viejos, jóvenes, gordos, flacos, altos y bajos, toda clase de exponentes del genero humano que portando orgullos caminaban con sus aparatitos, deprimente, todos esclavos, pero yo soy libre me dije. Repentinamente mi corazón dio un salto, donde rayos estaba mi celular, estaba tan concentrado en la misión que había olvidado donde lo había puesto.

El celular sonó, que susto, no lo había perdido, bueno de una forma u otra todos somos esclavos...

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