3 de septiembre de 2007

A partir de esta fecha la patria inicia un prometedor porvenir. Es un momento donde debemos hacer un alto, reflexionar y unirnos para enfrentar el empinado camino que nos espera como nación soberana. No es momento para pugnas políticas, ni para enfrentamientos. Es un momento histórico, único en nuestra historia, que nos debe llenar de orgullo, es el momento de tener fe en el futuro.

En la historia panameña ha habido muy pocas cosas que han unido a los panameños. El Canal de Panamá es una de ellas. Su recuperación costó una lucha generacional con derramamiento de sangre y de una irrenunciable determinación que culminó un inolvidable atardecer de un 31 de diciembre de 1999.

¿Quién no puede olvidar aquel día? Los panameños estaban con el corazón palpitando, con los sentimientos entrelazados entre recuerdos y esperanzas, y finalmente la bandera ondeó flamante como única soberana de la colina, era nuestro, el Canal era soberano.

Pero la historia no se detiene cual tren que recorre las estepas del tiempo, dejando atrás a los hombres en sus circunstancias. Ahora la alegría se convierte en el deseo de una nación pequeña y orgullosa de existir, en una indomable fuerza para transformar nuestro canal en el motor que nos inserte en el conjunto de las naciones que lograron materializar el sueño de una vida justa donde la pobreza no sea endémica, donde el más humilde tenga un techo, tenga esperanzas y donde los ciudadanos crean en su país.

La hora de los panameños a llegado, de nosotros depende el éxito o fracaso de una obra jamás emprendida por gobierno alguno. Cada panameño debe convertirse en agente de cambio para que la construcción de un tercer juego de esclusas se convierta en un éxito. Si fracasa el proyecto, fracasamos todos los panameños.

Debemos ser activos, cuestionar cuando se necesario y exigir cuentas claras, este es el deber de todos los panameños, los políticos y los gobiernos son transitorios. Ellos son nuestros empleados temporales que podemos despedir cada cinco años. P ero el canal es una cicatriz imborrable en las entrañas de nuestra patria la cual es nuestra razón de existir. El reto que enfrentamos trasciende los gobiernos y es un asunto de nación.

Las semillas del canal se riegan cual lluvia por toda la geografía nacional, ahí esta el esfuerzo y el sudor de miles de panameños que día a día nos engrandecen. De nosotros depende que este manantial de riqueza no se extinga, que los relevos generacionales se preparen y que cada quien en su trinchera de lo mejor de si. Este es un momento en nuestra historia donde todos debemos ver el mismo horizonte, sin ningún tipo de diferencias, tal como nos unimos hace treinta años por un solo objetivo.

Con orgullo hoy podemos afirmar que el canal es nuestro ahora y por siempre y que no descansaremos en que siga siendo la joya de la nacionalidad panameña.

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