Estamos solos. :Gabriel J. Perea R.

Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty

Publicado en el Panamá América (versión corta)

En Birmania se esta librando una lucha entre aquellos que mediante el uso de las armas detentan el poder y un grupo de monjes que solo esgrimen su fe.

Una rebelión de monjes Budista se ha levantado en contra de una dictadura militar que gobierna Birmania desde hace décadas. Los militares ostentan una vida de reyes, rodeados de opulencia, inclusive se han dado a la tarea de construir una nueva capital, el lugar se llama Naypyidaw, que significa "Sede de Reyes". No cualquiera lo puede visitar, sobre todo los extranjeros y mucho menos los periodistas.

Mientras los militares viven su sueño faraónico se incrementan los precios de los combustibles. Tanto la gasolina como el diesel cuestan ahora el doble, y el gas comprimido que utilizan para los autobuses cuesta cinco veces más. Los aumentos afectan mayoritariamente a los birmanos más pobres porque el efecto ocasiona que también se eleve el precio del transporte público, y esto desata una reacción en cadena que eleva los precios de artículos de primera necesidad como el arroz y el aceite de cocina, acorralando a la población en un cerco de hambre.

Ante esta situación los monjes han tomado participación desde que el ejército usó la fuerza para dispersar manifestaciones pacíficas en la ciudad de Pakokku, en el centro del país. Han salido a las calles, encabezado las marchas, enfrentado las balas y no se han escondido en sus templos. Muy por el contrario demuestran que están dispuestos a sacrificar el bien más preciado, su vida. La lucha es desigual, algunos ya están muertos, encarcelados, desaparecidos y sitiados en sus templos, convertidos ahora en bastiones de lucha.

Las imágenes de la personas, arrodillándose al paso de los monjes en las manifestaciones son conmovedoras. Es un levantamiento que esta sacudiendo al mundo, en un rincón del planeta del cual no sabemos y no escuchamos casi nada, debido al total hermetismo que los militares mantienen sobre la población, el poder de la fe enfrenta las armas en un mundo que ya no cree en sus lideres espirituales.

Es una lección que nos demuestra que cuando es necesario los que dicen ser representantes de Dios en la tierra, deben abandonar sus posturas tradicionales y demostrarnos en que radica la fe que pretenden inculcarnos. Deben demostrar con acciones en que fundamenta las creencias que quieren difundir y si realmente son pilares en los que el pueblo puede apoyarse.

Es preocupante observar que aquí en Panamá todo se esta encareciendo, los productos de primera necesidad son casi inalcanzables, el pobre es cada día mas pobre, pero al mismo tiempo se promocionan faraónicos proyectos habitacionales, reconstrucciones de estadios, construcciones de edificios de lujo, cintas costeras paradisíacas y se divulga un crecimiento económico que no llega a las clases mas humildes. La similitud entre lo que ocurre en Birmania y Panamá es perturbadora.

Para nuestro infortunio los panameños no tenemos ese respaldo que se manifiesta en Birmania, aquí nunca veremos a un líder espiritual encabezar una protesta por las justas demandas del pueblo. Las autonombradas voces de la sociedad civil y aquellos que fueron electos por el voto popular guardan un silencio inexplicable, casi cómplice ante la agravante situación de una población, y algunos están accionando abiertamente contra los intereses de las mayorías.

Solo nos queda convertir nuestra fe en acción ciudadana porque estamos solos.

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