La libertad de ofender y denigrar :Gabriel J. Perea R.

Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty

Publicado en el Panamá América

Léase estos días algunos elementos de juicio, acertados y otros controvertidos, acerca de las reformas a las leyes que rigen en materia de seguridad., las que deben ser sometidas a mayor discusión antes de su aprobación.

Desafortunadamente otros no contribuyen a una discusión de altura, sino que caen en el ataque personal, el despliegue de odio contra personajes ya inexistentes y a la siembra de ideas que desprestigian a los miembros de la Policía Nacional.

Se destaca la campaña de igualación entre los miembros de la fuerza pública y los gorilas, monos y demás primates. Esto no solo resulta ofensivo, sino denigrante y lo más lamentable es conocer que provienen de aquellos, que vestidos de santos impolutos, defienden la democracia de un pueblo que no los escogió para que los defiendan. ¿Cómo pretenden enviar un mensaje, que debe ser aceptado por la sociedad, cuando ellos irrespetan la dignidad de quienes nada tienen que ver con el pasado?

La lógica esgrimida no necesita mayor explicación. Al uniformado se le debe impedir, a toda costa, que pueda dirigir al más alto nivel la Policía Nacional porque no tiene la capacidad y tiende a la corrupción. No importa que ya ninguno de los que participaron como figuras militares en la dictadura se encuentre en posición de soñar con el poder, estén presos, muertos o retirados.

Los futuros "monos" son los cientos de ingenuos jóvenes panameños que ingresan en las filas de la Policía Nacional para defender a una sociedad que los desprecia y los compara con los primates, pero que en nada le incomoda que ellos arriesguen su vida protegiendo sus atesoradas propiedades.

Sitenemos personajes cuestionados por su pasado como militares, y que ejercen cargos públicos, es porque nuestras leyes lo permiten y no se les pudo condenar por delito alguno. Ante la ley y la sociedad son ciudadanos libres con los mismos derechos que todos. No debemos olvidar que el Gobierno que tenemos es producto de una elección democrática y que como van las cosas existen muchas posibilidades que se mantengan en el poder.

No retrocedamos a la época del peón, golpeándolo con un látigo, pero exigiéndole cuidar las tierras del amo, esta desigualdad como seres humanos es la raíz de los movimientos revolucionarios.

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