Vivimos en un espejismo

Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty


Esa frase que utilizamos como muletilla psicológica para auto—convencernos de que en este país no puede ocurrir lo que en la mayoría de los países del mundo, está a punto de quebrarse. Panamá sí es una tierra bendita por Dios, y pareciera que siempre estamos bajo su salvaguarda, pero eso no nos exime de ser responsables.

Estamos observando que a todos los países industrializados la crisis financiera está golpeándolos. Despidos de miles de empleados, reducciones de jornadas de trabajo, disminución de los niveles de producción, plantas que dejan de operar, reestructuraciones, fusiones, liquidaciones de activos improductivos, declaraciones de bancarrota y todo tipo de medidas extremas, están tomando las empresas para no ser exterminadas en lo que puede ser una de las peores crisis de la historia.



El precio del petróleo ha caído a índices inimaginables, pero ni eso ha contribuido a reactivar la economía de consumo mundial. Algunos voceros a nivel gubernamental e individual vaticinan que en el peor de los casos no será hasta en el 2011 que la crisis sea superada en su totalidad, para entonces muchas empresas, incluyendo multinacionales, dejarán de existir.



Parte de la economía actual se sustenta en el consumo masivo de bienes y productos, donde una porción son bienes y servicios que son prescindibles para el sustento de las necesidades básicas, pero que alimentan grandes segmentos de producción. Los licores, joyería, vestuario de lujos, autos de alto costo, la industria del turismo y del entretenimiento, entre otros, son afectados directamente por el frenazo del consumo al restringirse la liquidez de los consumidores por falta de empleo o por cambios de prioridades hacia cosas indispensables.


Ante este panorama Panamá se presenta, o algunos la quieren presentar, como una isla paradisiaca desconectada del resto del planeta. Es una falsa idea, alimentada por un comercio local insaciable que no tiene escrúpulos. Los centro comerciales están llenos, los casinos están desbordándose, los locales de diversión están haciendo su diciembre hasta drenarle el ultimo centavo con que el panameño pudiera enfrentar un coletazo inevitable del dragón herido del capitalismo.


Ni el gobierno, ni los economistas que no pudieron vaticinar la crisis, alientan medidas de prudencia para prepararnos de lo que puede ser una crisis por rebote. Cualquier gasto no sustentado, aumento o reajuste de salarios, inversiones que no sean cruciales para el desarrollo de nuevas fuentes de ingresos es insensato y debería ser postergado, hasta que estemos seguros de que los efectos devastadores de la crisis financiera no desembarcarán en nuestras costas. La indiferencia o la fe en elementos que no controlamos no nos eximirán de la culpa de no habernos preparado.

0/Comments = 0 Text / Comments not = 0 Text

Su opinión es importante, lo invitamos a compartir sus comentarios

Su opinión es importante, lo invitamos a comentar al final de la publicación y compartir en las redes sociales