¿Y dónde es el carnaval?



Y a propósito de la inmortalidad de los cangrejos azules que se pasean por nuestras costas negándose a reconocer que el Panamá que conocen cada día está desapareciendo y llegará el momento en que necesitarán un salvoconducto para caminar por las escasas playas que sobrevivan. Ahora surge de la bolsa de irrealidades ciudadanas un nuevo problema. ¿Dónde celebrar el carnaval capitalino?

Como si no tuviéramos cosas más apremiantes que resolver y no precisamente el desfile de navidad que parece ser más importante que las fiestas patrias, según el parecer de un ciudadano norteamericano.

El carnaval, aquella celebración que tiene lugar antes de la Cuaresma y donde como buenos panameños nos mantenemos concienzudamente consumiendo mariscos cada viernes hasta que llegue el día que nos atiborremos de carne en palito acompañados de religiosas cervezas en medio de la vía pública, ahora cobra notoriedad como todos los años, ya sea por el despliegue de habilidades mágicas de parte de sus organizadores que logran desmaterializar millones sin que nunca se conozca su destino final o porque nadie quiere el derrame de ácido úrico cerca de sus casas.

Dilema de difícil solución para nuestros connotados estrategas electos que parece que nunca encontraran un lugar apropiado para que la gente se distraiga observando el paso de tres carrozas chuecas y unas murgas que dan pena.

¿Pero para qué un lugar si nuestro carnaval se celebra diariamente en toda la ciudad? Solo basta observar el desfile de buses destartalados con estridente música incluida que deambulan ofreciendo a los transeúntes un viaje espeluznante e inolvidable. En cada esquina se puede adquirir una cervecita para el calor con su camuflaje plástico para el consumo al aire libre. Atrévase a penetrar en algunas calles para que observe en vivo las espectaculares actuaciones de nuestros reconocidos actores del mundo delincuencial.

Y las mercancías carnavalescas pueden encontrarse en cualquier parte a la vista de nuestras autoridades sin que tenga el temor de ser apresado comprando CD piratas, perfumes contrabandeados y todo tipo de chécheres exhibidos en las vías publicas, obstruyendo el paso y los comerciantes no se quedan atrás invadiendo las aceras. Nuestro carnaval capitalino es eterno, ¿Cuál es el problema?

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