Los que quieren ser invisibles :Gabriel J. Perea R.

Por: Gabriel J. Perea R. @elistmopty
opinion@laestrella.com.pa

En la sociedad moderna, tal como la concebimos hoy en día, todos estamos permanentemente comunicados y vivimos atentos a algún dispositivo electrónico, nadie se guarda los secretos y la información en cuestión de segundos viaja de un extremo a otro del planeta; por tanto, es muy difícil entender que algunas cosas pasen desapercibidas y solo con el accionar de una persona.
Traslademos este concepto a la esfera de la burocracia gubernamental, es imposible que algo se tramite sin que más de una persona lo sepa. Eso es imposible, eso no puede ser. Y esto debido a que el sistema está diseñado así, para que los asuntos no estén en manos de una sola persona.
Sin embargo, violando toda ley universal de que nada ocurre al azar y que todas las cosas son producto de la causa y el efecto, hoy se nos quiere hacer creer, por algunos que nos causan risa y lástima, que ciertos hechos que ocurrieron en la pasada administración nadie sabe cómo pasaron y a lo mejor son producto de nuestra imaginación.
Inclusive puede que se esté cultivando el caldo apropiado para reacciones inesperadas de la sociedad hastiada que intenten tomarnos el pelo con los argumentos más infantiles posibles. El argumento aludido, ‘el presidente no sabía’, ‘no estaba informado’, ‘el ministro no acudía a las reuniones’, ‘el encargado actuaba a su propia discrecionalidad’, por favor, ¿quién puede creerse eso?
Todo lo que ocurrió —sobrecostos, despilfarro, sobornos, pinchazos, prebendas— fueron hechos que ocurrieron con el contubernio de más de uno, perdón, dije ‘uno’; no, cientos, no, tal vez miles de personas de carne y hueso que hoy día quieren ser invisibles. Personas que intentan moverse dentro de nuestra sociedad, implorando que nadie las vea, que nadie las recuerde, que nadie las involucre, que hoy padecen de amnesia voluntaria. Y, lo que es más descarado, que nadie cuestione que en menos de cinco años lograron amasar fortunas que en toda su vida nunca habían logrado.
Esto nos dice mucho de la sociedad en que vivimos. Porque tantas personas cooperaron, ya sea voluntaria o involuntariamente, en actos delictivos, y porque hoy día guardan silencio, huyen. Los que cooperaron voluntariamente vieron la oportunidad de lograr la fortuna que por otros medios jamás lograrían y no tenían los valores para abstenerse de delinquir. Los otros, serían muchas las respuestas; tal vez, miedo a perder el sustento, miedo a confiar en que en los tribunales se hacía algo más que ‘blowers’.
Intenten algo, si es que se quiere hacer historia, permitan que todo aquel que coopere con información de algún acto delictivo y su participación sea mínima se le permita resarcirla, se le proteja y no se le destituya si es funcionario. Eso sí, agranden las cárceles, porque sería de urgente necesidad y cuidado que nos derribamos alguno de los actuales burócratas por carambola.

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