Cómo el sistema nervioso boicotea tus esfuerzos por quemar calorías

 10 SEP 2015 - 18:00 CEST


Cada vez que nos lanzamos a hacer ejercicio para intentar quemar calorías nos enfrentamos a una maquinaria que lleva perfeccionándose más de 100.000 años. En parte por genética, en parte por el funcionamiento esencial del cuerpo humano, existen mecanismos naturales que boicotean los esfuerzos innecesarios y buscan siempre gastar la mínima energía posible. En otras palabras, la ley del mínimo esfuerzo existe en términos biológicos.
Un equipo de investigadores de Canadá se ha propuesto investigar cómo funciona esta maquinaria en los humanos. Para intentar averiguarlo, estudiaron la forma de andar de varias personas mientras se desplazaban por una cinta de ejercicios. Todas llevaban un exoesqueleto que en ocasiones ofrecía resistencia al movimiento, por ejemplo al doblar las rodillas, obligando al sistema nervioso a recalcular los movimientos y buscar el nuevo paso más eficiente, el que menos energía requiere para poder desplazarse.
“Lo que hemos descubierto es que la gente cambia su forma habitual de caminar, incluyendo su paso característico que han establecido durante millones de pasos durante toda su vida, para ahorrar pequeñas cantidades de energía”, ha explicado Max Donelan, uno de los autores del trabajo, en una nota de prensa. “Esto es totalmente consistente con que la mayoría de nosotros preferimos hacer las cosas siguiendo la ley del mínimo esfuerzo, como cuando elegimos el camino más corto para llegar a casa o nos sentamos en lugar de estar de pie”, resalta. En su trabajo, dice, han demostrado que hay un fundamento fisiológico y racional para esa “vaguería” inherente.
Los resultados con los exoesqueletos muestran cómo ese sistema de optimización tarda apenas unos minutos en recalcular el gasto energético y buscar un nuevo paso. Y todo para ahorrar cantidades marginales de energía, en ocasiones con ganancias de menos del 5%, según los resultados del trabajo,publicados hoy en Current Biology.

"Andar requiere coordinar literalmente decenas de miles de músculos, ¿cómo es que descubrimos las combinaciones óptimas tan rápido?”, se pregunta Donelan. Es algo que quieren seguir investigando. Lo que sí señala su equipo es que lo que han observado con gente caminando probablemente se extiende a todos nuestros movimientos.

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