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Friday, 25 May 2018

Traducción de la carta completa del expresidente Martinelli.

Traducción de la carta completa del expresidente Martinelli

En la carta dirigida al pueblo estadounidense, Martinelli también expone ocasiones en las que cooperó con la CIA y otras agencias de seguridad de ese país. Lea aquí la traducción de la nota.

Ricardo Alberto Martinelli Berrocal
Expresidente de Panamá

Centro de Detención Federal
Miami, Florida
Estados Unidos

14 de mayo de 2018

Al Gobierno y pueblo de Estados Unidos

Como expresidente de Panamá, estoy siendo perseguido por mi exvicepresidente, y actual presidente de Panamá, por una venganza política personal. Ha fabricado cargos en mi contra para lesionar mi carrera política y atacarme a mí y a mi familia. Le ha pedido ayuda a los Estados Unidos para extraditarme, llevando a mi detención de un año en una cárcel estadounidense. La meta: inhabilitarme políticamente en el 2019.

Elegí venir a este país, aunque también soy ciudadano de Italia (un país que no extradita a sus nacionales). Elegí venir aquí porque fui “invitado” por los más altos oficiales de su gobierno anterior. Tras años de amistad con este país, no esperaba ser tirado en una cárcel estadounidense. Aunque una corte estadounidense ha encontrado “causa probable” para mi extradición, las cortes no tienen permitido considerar todos los hechos. Quiero explicarles por qué esta extradición nunca debió suceder.

Es fútil explicar las fallas en los cargos contra mí y la influencia impuesta por el exembajador de Estados Unidos en Panamá, John Feeley, quien no solo le dio a Panamá una “mano amiga” durante este proceso, sino que logró lo imposible. Sin embargo, explicaré los eventos relevantes que por un lado me llevaron a los Estados Unidos, o por otro lado justificaron mi idea de que los Estados Unidos no apoyarían la vendetta del presidente Varela contra mí.

Cuando la CIA pidió que yo detuviera un barco norcoreano proveniente de Cuba que cruzaba el Canal de Panamá, no pestañeé. Personalmente examiné el barco y encontré armas, misiles, aviones y radares que violaban el embargo de la ONU.

Antes de incautar el barco norcoreano, me llamó el presidente Raúl Castro y el canciller/viceministro cubano y fui amenazado. Dejaron claro que si detenía el barco sufriría graves consecuencias. Es importante apreciar su estrecha relación con el presidente Varela.

Tras incautar el barco, el presidente de los Estados Unidos llamó para agradecerme por intervenir y seguir las instrucciones de la CIA. Irónicamente, esto ocurrió por el tiempo en que el presidente estaba siendo acusado de pinchar las conversaciones de la Canciller Merkle [sic] y la presidenta brasileña Rousseff.

En ese momento le informé al presidente de las amenazas hechas por el gobierno cubano.

El presidente de los Estados Unidos envió al vicepresidente y a la secretaria de Estado a Panamá, no solo para extender su agradecimiento personal, sino para tranquilizarme con que las amenazas estaban siendo tomadas en serio y que en el evento de que necesitara ir a los Estados Unidos, podía hacerlo sin miedo. Estaba bajo la impresión de que promesas hechas por este tipo de oficiales del gobierno eran de confiar. Estaba equivocado.

Cuando las negociaciones de las FARC iniciaron en Cuba, nosotros apoyamos los intereses estadounidenses. No permitimos que las guerrillas utilizaran territorio panameño como santuario o refugio. También redujimos el tráfico de drogas a través de Panamá que se dirigía a los Estados Unidos, el cual ha incrementado significativamente bajo el actual gobierno.

En otra ocasión, nos llamaron de la CIA para “rescatar” al ex jefe de estación en Milán, Italia, quien estaba siendo condenado por asesinar a varios terroristas islámicos en Italia. Tenía una alerta roja de Interpol y fue capturado en Costa Rica. Nos pidieron que condujéramos una misión de “operación especial” para entregarlo de manera segura a la CIA, y lo hicimos. Siendo un ciudadano italiano, me llamó el embajador italiano y otras autoridades que también me amenazaron e hicieron énfasis en que yo “enfrentaba serias consecuencias por impedir que las autoridades italianas capturaran a un fugitivo de los más buscados.”

Panamá continuó el “monitoreo” ordenado y financiado por la CIA del sistema “Matador” que proveía información sumamente útil de objetivos tanto locales como internacionales a través de medios legales y “otros”. Esto fue un impedimento para el lavado de dinero, terrorismo y tráfico de drogas.

Durante mi administración, instalamos el “sistema de reconocimiento facial” que estaba atado a la base de datos de delincuentes y personas de interés del FBI. El Aeropuerto Internacional de Tocumen es el más grande hub de pasajeros de América Latina y hasta ahora miles de personas han sido detenidas.

También iniciamos la instalación de 19 radares que estaban destinados a ser conectados al US Southcom. Al ser completado, drogas provenientes de Colombia y con destino Estados Unidos, habrían sido capturadas y disminuidas sustancialmente. Sin embargo, la administración Varela canceló el proyecto, alegando que era corrupto. Se hicieron las investigaciones y no se encontró nada que comprobara esas acusaciones. Desde entonces, sin embargo, ha habido un incremento del 300% en la cantidad de droga que entra a los Estados Unidos. A veces me pregunto si es mi oposición al tráfico de drogas lo que ha garantizado esta vendetta contra mí, incluyendo la solicitud de extradición.


Mientras estaba en el cargo, capturamos muchos traficantes de droga de poderosos carteles, entre ellos mexicanos, colombianos y el hijo del presidente de Suriname.

En la ONU, Panamá votó con Israel 100% del tiempo. Por esa razón, fui declarado “persona non grata” por varias organizaciones árabes, particularmente Hezbollah, que tiene gran presencia en Panamá a través de altos oficiales del actual partido de gobierno.

Adicionalmente, fui invitado a Langley por la CIA para asistir a un almuerzo privado en la oficina del director en el séptimo piso, junto al ministro (José Raúl) Mulino y el jefe de la Policía Julio Moltó. Recibí un sincero agradecimiento y una vez más se me extendió una invitación de venir a los Estados Unidos si en algún momento necesitaba “protección” del gobierno de Varela además de otros gobiernos que me amenazaron mientras ocupaba el cargo de presidente.

Mi carrera política está lejos de terminar. En todo caso, este proceso me ha tornado en un mártir político. Mi índice de aprobación en Panamá se había incrementado al final de gobierno y encuestas recientes indican que estos índices están aumentando una vez más. Cuando el proceso de extradición inició, había 23 casos motivados políticamente abiertos en mi contra, desde entonces solo cuatro continúan y pronto todos serán descartados. Si he aprendido una cosa en esta vida es que la verdad siempre sale a la luz. Solo desearía que el ex embajador de Estados Unidos hubiese investigado un poco más, antes de participar abiertamente en esta vendetta vía tweets y declaraciones, algo muy inusual en esa posición.

Respeto la opinión del ex embajador sobre mí y mi administración (la cual fue 100% pro Estados Unidos) pero su opinión personal jamás debió influenciar las decisiones de los Estados Unidos. He aprendido que el proceso de extradición no provee el debido proceso, que una fianza es casi imposible de obtener, y que los Estados Unidos solo se fija en el acuerdo y no en las bases de los crímenes presuntamente cometidos en el país solicitante. Mi temor con esta extradición es que no hay manera de que los Estados Unidos pueda garantizar que mis derechos humanos no serán violentados cuando regrese a Panamá. He sido amenazado con confinamiento solitario si sigo cuestionando abiertamente al gobierno corrupto del presidente Varela. La meta de todos estos procedimientos es inhabilitarme políticamente.

Después de lo que mi país y yo hicimos por Estados Unidos, realmente creí que Estados Unidos no se involucraría en la vendetta personal de Varela contra mí, no me mantendría detenido en malas condiciones por un periodo tan largo de tiempo, ni me obligarían a pelear a dientes y uñas para defenderme de un gobierno que claramente ha fabricado este caso.

Quiero que el Gobierno estadounidense sepa que siempre estuve del lado de Estados Unidos cuando fui presidente de Panamá. Fui traicionado y víctima de un montaje por mi propio vicepresidente, un político engañoso, quien manipuló el camino para ser mi sucesor y ahora intenta deshacerse de mi para siempre. Quiero que el Gobierno estadounidense sepa que Varela está tratando de hacer de Estados Unidos un participe en su persecución política de sus enemigos.

En caso de que el Departamento de Estado elija extraditarme, solicito que sea expeditamente, conforme al Tratado de 1905 entre Estados Unidos y Panamá y que la Doctrina de Especialidad sea expresamente aplicada.


Sinceramente,


Ricardo Alberto Martinelli Berrocal






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