Dos sacos de limones — Cuento


Tres hermanos tenían una finquita que le había dejado el padre. La finquita producía lo suficiente. para alimentar a las familias de los tres y lo que le sobraba lo vendían a la gente del vecindario. pasaban la vida sin grandes riquezas y sin grandes necesidades.
Una mañana, Víctor, el mayor de los tres, llego hasta el monte de lo frútales, donde varios árboles daban todos los años unas cosechas muy buenas que los hermanos aprovechaba para vender.
Lisandro y Anastasio, los otros dos hermanos, bajaban en ese momento guayabas de dos grandes árboles. Víctor cargaba dos sacos vacíos que debajo de un limonero.
Muchachos – les dijo Víctor a los otros-, dentro de unas horas viene doña Elida a llevarse dos sacos de limones. Aquí les dejo los dos sacos, y paso después a recogerlos.
Lisandro y Anastasio no respondieron nada, pero en cuanto Víctor se alejo apurado entre los arboles de manga, se bajaron de los guayabos se sentaron a la sombra y empezaron a comentar.
No te digo – empezó Anastasio secándose el sudor de la frente con la manga de la camisa-, dos sacos en dos horas,
Si supiera él lo que cuesta bajar esos benditos limones.
Siempre lo mismo -se quejó Lisandro-. Siempre tenemos que trabajar contra el tiempo. Si no avisara más temprano no tendríamos que andar a las corridas.
Si me dijeran que son guayabas, o mangas, bueno todavía, pero bajarse dos sacos de limones en dos horas, con el montón de espinas que tiene los arboles… dijo Anastasio.
¿Y las avispas? Con suerte topamos con un panal de avispas, así que hay que andar con cuidado- -le recordó Lisandro.
Eso es por no saber tratar a los clientes -siguió Anastasio. Los clientes lo quieren todo para ya mismo, pero hay que tomarse un poco de tiempo para hacer las cosas bien.
que siguieron un buen rato Lisandro y Anastasio, quejándose de los apurones, las avispas y el calor, hasta que se le ocurrió decir a lisando:
Bueno, apurémonos, por que ya nos queda menos de una hora, y si llega doña Elida y no tenemos listos los limones, quien aguanta a Víctor.
Entonces con mucho apuro, y quejándose a cada rato las espinas que se clavaban, los dos hermanos juntaron los dos sacos de limones. Así
Un pajarito, que esperaba en una rama que los dos hermanos se alejaran del lugar para seguir picando las fruta, pensó de esta manera “que raro que son los humanos. Si estos dos se hubieran puesto a trabajar de una vez, en lugar de estar rezongando porque dos horas no eran suficiente tiempo, en una hora ya habrían terminado de bajar los limones y podrían estar descansado”

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